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EE UU pide el fin de la guerra en Yemen tras el ‘caso Khashoggi’



El secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, ha apelado en la madrugada de este miércoles al fin de la guerra en Yemen. Sus palabras siguen a otras similares pronunciadas por su colega de Defensa, Jim Mattis, en Bahréin el pasado fin de semana. Aunque en ninguno ha hecho referencia al asesinato del periodista Jamal Khashoggi, todo apunta a que EEUU quiere aprovechar la vulnerabilidad de Arabia Saudí por ese caso para que cesen sus controvertidos bombardeos sobre uno de los países más pobres del mundo.
“Ha llegado la hora de poner fin a las hostilidades, lo que incluye los disparos de misiles y los drones que vienen desde las zonas controladas por los Huthi hacia el reino de Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos”, manifiesta Pompeo en un comunicado. “Los bombardeos aéreos de la coalición deben cesar enseguida en todas las zonas habitadas de Yemen”, añade antes de mencionar el mes de noviembre para ponerse manos a la obra.
La redacción del texto deja claro que para EEUU son los rebeldes Huthi quienes deben dar el primer paso. Washington, al igual que sus socios saudíes y emiratíes, considera a este grupo yemení una punta de lanza de Irán, a quien atribuye todos los males de la región. De ahí que hasta ahora se haya mostrado escasamente crítico con las crecientes denuncias de bombardeos de zonas civiles por parte de la coalición que encabeza Arabia Saudí.
Sin embargo, el asesinato de Khashoggi y la pésima gestión saudí del mismo han expuesto al Reino del Desierto a un escrutinio internacional sin precedentes. Las denuncias que antes sólo hacían activistas de derechos humanos, izquierdistas o diplomáticos en voz baja han pasado a ocupar los titulares de periódicos e informativos de todo el mundo.
Los propios legisladores de EEUU han aumentado la presión sobre la Casa Blanca para que tome distancias con Arabia Saudí, que no sólo respalda con apoyo político y armas, sino que facilita ayuda logística en su intervención militar en Yemen. Algunos veteranos senadores han reclamado incluso que se remplace al príncipe heredero y gobernante de facto, Mohamed Bin Salmán, a quien apuntan como último responsable de la muerte del periodista y de la represión desatada desde su llegada al poder.
En Europa el caso Khashoggi también ha impulsado un movimiento para frenar la venta de armamento a Arabia Saudí, aunque con pocos resultados tangibles. Sólo Alemania, que acababa de reiniciar sus ventas tras una suspensión anterior, ha anunciado que paraba sus exportaciones. Reino Unido, Francia y España, después de EEUU los tres principales abastecedores de armas al reino, han rechazado tomar esa opción.
Tres años y medio de guerra han dejado a dos tercios de los 27 millones de yemeníes dependientes de la ayuda humanitaria y nueve de ellos están al borde de la hambruna, según la ONU. Se ha perdido la cuenta del número de civiles muertos, aunque la prensa repite desde hace dos años la cifra de diez mil que entonces facilitó el responsable de la Oficina Humanitaria de la ONU en Yemen, Jamie McGoldrick. Además, una epidemia de cólera sin precedentes ha agravado una situación ya de por sí desesperada.
Mattis ha insistido en el marco temporal. “Deberíamos hacerlo en el plazo de 30 días (…) y pienso que Arabia Saudí y Emiratos Árabes están listos”, ha declarado durante una conferencia en Washington de la que se hace eco la agencia France Presse. Durante su intervención en el foro de seguridad Diálogo de Manamá el pasado fin de semana, el jefe del Pentágono ya hizo un llamamiento a acabar la guerra de Yemen en noviembre.
El jefe de la diplomacia estadounidense sugiere que los primeros contactos, sobre “la desmilitarización de las fronteras y la concentración de armas pesadas”, se lleven a cabo bajo la égida enviado de la ONU para Yemen, el británico Martin Griffiths, en un tercer país. Mattis ha mencionado como posible lugar de la cita Suecia. Sin embargo, el último intento de Griffiths de reunir a las partes en Ginebra se saldó con un sonoro fracaso en septiembre.