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Alitalia se asoma al abismo tras el “no” de la plantilla a la reestructuración



Los trabajadores de Alitalia han decidido rechazar el plan de reestructuración que la compañía había consensuado con el Gobierno para hacer frente a la situación límite que atraviesa. Los sindicatos habían firmado la propuesta de la empresa, que suponía el despido de unos 1.000 trajabadores de una plantilla de 12.000, bajadas de sueldos (hasta un 20% y una media del 8%) y la profunda reformulación del negocio, que encamina a Alitalia a un modelo cercano a una low cost. Todo ello, claro, con una nueva inyección de unos 1.000 millones de sus propietarios: los bancos Unicredit y Intensa Sanpaolo y Etihad. Pero la votación de los trabajadores la ha rechazado con un "no" mayoritario (65,7%) y aboca la empresa al abismo de su tercera quiebra en 20 años.
Como sucede últimamente en este tipo de votaciones, a nadie se le ocurrió que podía ganar la opción contraria a la que planteada en nombre de la estabilidad. Pero los trabajadores optaron por un voto de protesta contra lo que consideraron un chantaje basado en la tajante premisa de "o recortes o quiebra". Así que a medida que avanzaba la tarde de ayer y los números se empeñaban en llevarle la contraria a la empresa y a los sindicatos, el Gobierno se reunió de urgencia para estudiar este nuevo escenario.
La teoría decía que si los trabajadores rechazaban la propuesta, se pasaría a la fase de liquidación de la empresa, lo que se conoce como una administración controlada: reducir extremadamente su tamaño, despedir a alrededor del 50% de la plantilla, inyectar dinero público y deshacerse de ella. Probablemente dejándola en manos de un comprador con experiencia en este tipo de situaciones como la alemana Lufthansa. Y eso no le conviene a nadie más que al potencial comprador que llegase dentro de unos meses. Así que todo apunta a que habrá que negociar de nuevo. Pero si no surge una tercera vía, la compañía seguirá funcionando hasta que se le acabe la liquidez -los expertos apuntan a que pagar los sueldos de mayo ya resultaría complicado- y pasar a un proceso de congelación de pagos a proveedores.
La aerolínea italiana tiene problemas financieros, pero también estructurales. Alitalia es hoy una empresa demasiado grande (tiene 121 aviones y transporta a 22,6 millones de viajeros) para competir con las low cost, pero muy anticuada para el negocio de la liga de largo recorrido. La compañía es propiedad en un 51% de socios italianos ajenos al sector: principalmente los bancos Unicredit (11%) e Intesa Sanpaolo (20,5%), y necesita unos 220 millones mensuales para funcionar. Pero ambos están cansados de inyectar dinero en una empresa que ha perdido en los últimos tres años más de 1.000 millones de euros y que no da síntomas de recuperación. Ni squiera después de que Etihad, compañía de los Emiratos Árabes, comprase hace tres años el otro 49% con la promesa fallida de su consejero delegado, James Hogan, de sanearla en poco tiempo.
Alitalia, pues, no tiene muchas salidas. Por eso, los trabajadores que ahora han optado por rechazar el plan de reestructuración, están echando un pulso a la compañía, porque el significado hasta la fecha de su elección sería multiplicar por cinco los despidos. El no es una medida de presión para que el Gobierno y la dirección de la aerolínea hagan un esfuerzo y rebajen sus pretensiones en cuanto a bajada de sueldos y despidos. Se tiende a pensar que el Estado no dejará caer una empresa que comparte su nombre con el del país y contiene la banddera Tricolor en su logo. Pero la realidad es que el escenario no estaba previsto. “De momento no hay un plan B y no creo que buscar, de nuevo, una inversión pública en la compañía sea una buena idea”, señala Andrea Giuricin, profesor de Economía del Transporte de la Universidad Bicocca de Milán.
De hecho, los titubeos en el modelo y las fusiones fallidas costaron a los italianos desde 1998 a 2008 unos 4.000 millones de euros. Un dinero que no sirvió par renovar la compañía, sino para pagar las nóminas de sus entonces 20.000 trabajadores. De modo que la empresa terminó quebrando en 2008. En este caso, si la empresa se refunda y sanea, podría aparecer un comprador que se haga con una compañía con un modelo de negocio distinto. El encogimiento, señalan fuentes del sector, transformaría una empresa de 22 millones de pasajeros al año en una de 12 millones.