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Europa teme que el ‘efecto Trump’ tenga impacto en las primas de riesgo



Europa resistió el año pasado una serie de shocks que van desde el menor crecimiento del comercio mundial desde 2009 a las tensiones geopolíticas, los ataques terroristas, el estrés en algún sector bancario —Italia— y el Brexit. “2016 fue un año difícil”, resume el informe de invierno de la Comisión, pero 2017 obligará a Europa a “navegar por aguas agitadas”. El escenario central de la Comisión pasa por un año plácido, con crecimiento (1,6%), el paro a la baja (9,6%) y unos precios que dejan atrás el territorio deflación. 2018 será aún mejor: el PIB crece el 1,8%; el paro baja al 9,1%. Con esos números, la eurozona es un mar en calma con un horizonte despejado. Pero el capítulo de riesgos del informe sugiere que bajo esas aguas tranquilas hay extraños movimientos: si todo va bien la economía del euro puede crecer aún más rápido, hasta un 4% anual, pero si las cosas van de mal en peor puede haber caídas de PIB superiores al 2% en 2018. Una tercera recesión no es impensable.
“Las incertidumbres son excepcionales”, resume el informe: las fundamentales son el efecto Trump, la negociación del Brexit, las divergencias en política monetaria y las elecciones que vienen (Holanda, Francia, Alemania, quizás Italia).
Subida de tipos de interés
EE UU es el riesgo más importante en el exterior. Trump tiene que concretar aún su política económica, pero Bruselas da por hecho que habrá estímulos fiscales y cierto endurecimiento de la política monetaria. El resultado será —ya se está viendo— una subida de los tipos de interés, con un fuerte impacto en los emergentes, pero quizá también en Europa.
Una rebaja del apetito por el riesgo puede provocar “rápidas subidas en las primas de riesgo”, riesgo que casi había desaparecido con las compras de deuda del BCE. Ya no: Bruselas teme que vuelvan las divergencias, incluso cierta fragmentación financiera. Más aún con un mix de política económica desequilibrado, con un enorme superávit comercial (básicamente en Alemania y Holanda) que deja a Europa vulnerable al riesgo exterior. Para navegar esas aguas, la Comisión sugiere un nuevo impulso a la UEM por el 60º aniversario del Tratado de Roma. Pero Berlín apunta a lo contrario: una Europa de dos velocidades.