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Draghi pide paciencia y reitera que el BCE está “listo para actuar”



La economía mejora a cuentagotas. Los riesgos siguen ahí. La inflación no existe. En la eurozona hay aún 18 millones de parados. Contra el legado de la Gran Recesión, el jefe del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, pidió este jueves paciencia antes de evaluar la efectividad del arsenal de medidas extraordinarias que ha puesto en marcha y explicó, por enésima vez, que está "listo para actuar". El BCE activará este mes las compras de deuda de empresas. Y rechazó reabrir —por ahora— el grifo de liquidez a Grecia.
Mario Draghi tiene uno de esos trabajos que casi nadie entiende de veras y que muchos consideran algo siniestro: un simple sí o no del banquero central europeo puede provocar una sacudida en los mercados. Consciente de ese poderío, el jefe del BCE casi nunca afirma y niega tajantemente. Hay que rebuscar entre la hojarasca para encontrar un mensaje: en función del sesgo —halcón o paloma, en la jerga imposible de los bancos centrales, en relación con el grado de dureza— también puede haber maniobras orquestales en las Bolsas. El recado de la rueda de prensa de este jueves ha sido deliberadamente ambiguo. La economía mejora, aunque persisten los riesgos. La inflación no arranca, pero mejorará. Draghi pidió paciencia con su política monetaria ultraexpansiva: afirmó que las compras de activos están funcionando, y que funcionarán aún mejor en el futuro. Y reiteró que está listo para actuar "si es necesario".
Compras de deuda
Puede que lo sea pronto. La maltrecha eurozona arrastra el pesado legado de la Gran Recesión, a los que hay que añadir varios potenciales sustos. La banca italiana sigue con problemas. Grecia ha pasado a un segundo plano después del acuerdo político en Bruselas sobre el primer examen del rescate, aunque el BCE se resistió este jueves a reabrir el grifo de liquidez para los bancos helenos hasta más adelante. Reino Unido es el siguiente escollo: "Los británicos deberían seguir en la Unión, pero el BCE está listo para cualquier escenario", apuntó Draghi con sequedad.
FRÁNCFORT MEJORA SUS PREVISIONES
Desde que la inflación empezó a caer claramente por debajo del objetivo del BCE, las previsiones del Eurobanco obedecen a un patrón sencillo y efectivo: auguran una y otra vez un regreso rápido de los niveles de precios hacia alzas del 2%. Y se equivocan una vez tras otra. El BCE elevó ayer de nuevo sus pronósticos de crecimiento e inflación. El PIB de la eurozona crecerá el 1,6% este año —dos décimas más que el anterior pronóstico—, y se expandirá a un ritmo del 1,7% y del 1,8% en adelante, hasta 2018. La inflación se irá al 0,2% en 2016 —frente al 0,1% previsto—, para después irse hasta el 1,3% y el 1,6%. "La recuperación continúa lastrada por las perspectivas de los mercados emergentes, los ajustes en los balances y por la desaceleración en las reformas estructurales", dijo el presidente. Sobre la inflación cero, tan solo reiteró que el BCE "sigue alerta" ante la posibilidad de que los riesgos de deflación se incorporen a las expectativas.
Pero el meollo de sus respuestas a la prensa era otro. Draghi no ofreció sorpresas tras la reunión del consejo de gobierno del BCE, celebrada esta vez en Viena: el próximo jueves activará las compras de deuda corporativa —de empresas—, que viene a reforzar el multimillonario programa de compras de activos (QE, por sus siglas en inglés). Y a final de mes se pondrá en marcha la nueva ronda de barras libres de liquidez, la enésima lluvia de fondos para los bancos a tipos de interés ultrabajos. Draghi subrayó que el QE funciona —ha relajado las condiciones financieras de la eurozona—, y que seguirá funcionando aún mejor con un poco de paciencia. Pero evitó cualquier comentario que pudiera ser interpretado como ortodoxo a la vista de que acechan riesgos de todo tipo, para minimizar la reacción de los mercados a sus palabras.
Los tipos de interés del euro están en mínimos. Las compras de activos seguirán al menos hasta marzo de 2017, y podrían ir incluso más lejos. La reanudación de las barras de liquidez persigue desatascar el crédito. Todas esas son medidas sin precedentes, y sin embargo el BCE incumple olímpicamente su único objetivo: llevar la inflación hasta el sacrosanto 2%.
Sabedor de que apenas le quedan balas, Draghi apuntó que la política monetaria "apoya la recuperación", pero reclamó que "otras políticas económicas contribuyan decisivamente" al crecimiento. El BCE, en fin, quiere más reformas.